ESCENARIOS
Martín Fernández

Galeria OHNO
Octubre - Diciembre, 2026.



Curadora


Si caemos en la trampa de una imagen, resulta más probable atribuirlo a los filtros y algoritmos que a las ilusiones ópticas. Las imágenes nos clasifican, anticipan nuestros movimientos, administran la atención y condicionan los afectos. Mientras acariciamos superficies operativas de arriba abajo, la lógica del trompe-l'œil parece haberse desplazado de la simulación visual a la producción de ensamblajes que toman decisiones por nosotrxs. 

Sin embargo, persisten refugios donde las imágenes no buscan engañarnos, sino hacernos dudar, aunque sea por un instante, de lo que creemos ver sin por ello alienarnos. En el intervalo entre lo que vemos y lo que imaginamos, una superficie puede adquirir profundidad, un vacío volverse territorio y una forma empezar a comportarse como un espacio de sentido.

Martín Fernández disecciona el papel en blanco para situar escenarios donde el grafito y los paisajes despliegan sus intenciones y, sin duda, tienden su propia trampa. Desatan la curiosidad y la dirigen por caudales de agua que se escurren entre las grietas de una tierra árida expuesta al zonda. Algunos desembocan en vistas a vuelo de pájaro sobre jardines y trazados urbanos concebidos por una imaginación tan errante como situada; otros se estancan en cráteres hasta cristalizarse en tramas decorativas que articulan arquitecturas escalonadas, sin principio ni fin.

Mientras los umbrales de la duda se desplazan, un dibujo puede volverse un espacio de acción bajo instrucciones veladas. Esta trampa no busca reproducir las conductas que exige el mundo, sino abrir un campo de conocimiento y fantasía, un teatro de apariciones y desvíos.

Si la imagen es opaca, no es porque deje de mostrar, sino porque se resiste a agotarse en lo que muestra. Los dibujos de Martín no representan territorios: ensayan las condiciones para que éstos emerjan entre estructuras oblicuas que fugan el pasaje de uno en otro. Las formas montan escenas y componen una dramaturgia de lo latente.

Ante la fragilidad de los lugares destinados a desaparecer tal como son, Martín dibuja para retener la posibilidad de explorarlos mediante una imaginación extensional. Si, como supo afirmar Georges Perec, “vivir es pasar de un espacio a otro haciendo lo posible para no golpearse”, para Martín dibujar podría tratarse de ensamblar un espacio tras otro para no olvidarse de lo que importa. 

El negro ocupa el lugar del vacío, como una antimateria que participa del espacio: el espacio del entorno y el entorno del espacio. La fascinación por el brillo metálico del grafito surge de una opacidad capaz de producir la luz que irisa la sobriedad cromática. Bajo un mantra inaudible, el trazo automático diseña tramas orgánicas que, en su insistencia, vuelven vital el desierto y lisérgico lo concreto. Los paisajes de esta exhibición no son solo aquellos que se miran. Su propósito apunta a que se los busque y se los excave, hasta descubrir cómo fueron y arriesgar cómo podrían ser. 

Al distinguir el orden práctico del orden estético, Paul Valéry señalaba que nuestros sentidos pueden inducirnos a demorarnos en las impresiones que producen, a conservarlas o renovarlas. La clave está en la retención. Mientras las imágenes operativas del presente conducen nuestra atención hacia fines inmediatos que nos saturan hasta adormecernos, los escenarios de Martin parecen hacer lo contrario: retienen la mirada y renuevan el deseo de sobrevolar sus geografías lentamente. Nos recuerdan que la indeterminación de algunas imágenes no apunta a sustituir nuestras capacidades. Ellas tienden trampas que proponen una demora poética.

Guadalupe Chirotarrab. Octubre, 2026.