FEDERICO KLEMM. ILUMINADOR DE MITOS
Centro Cultural Recoleta
Salas 7, 8 y 9.
Abril - Septiembre, 2026.
Curadorxs: Federica Baeza, Guadalupe Chirotarrab y Santiagp Villanueva
FEDERICO KLEMM. ILUMINADOR DE MITOS
Artista, performer, figura mediática, mecenas, coleccionista, cantante lírico amateur; hoy ícono queer y leyenda urbana. Federico Klemm se inició en la escena del happening del mítico Instituto Di Tella en los años sesenta. Marcado por la neovanguardia, buscó reunir arte y vida en el cruce entre cultura pop, fiesta y glam. En plena expansión del neoliberalismo durante la década del noventa, se consagró definitivamente a su proyecto artístico: realizó casi la totalidad de su obra, creó su fundación, consolidó su colección, produjo su programa de televisión El Banquete Telemático, y alcanzó una poderosa visibilidad pública. Así reescribió la noción de obra de arte total en sus propios términos, donde la historia del arte y la mitología son decorados e iluminados bajo su capricho.
La figura de Federico Klemm regresa al Centro Cultural Recoleta donde realizó exhibiciones y performances emblemáticas en los años noventa. La exposición se desarrolla en tres salas: una centrada en la relación con su madre Rosa, y el amor por lo escénico; otra dedicada a su serie de fotomontajes digitales sobre el relato bíblico de Sansón y Dalila; y una tercera enfocada en la creación del universo de telecristales, donde se escenifica el deseo homoerótico.
Banquete trágico (Sala 7)
Esta sala se enfoca en el vínculo de Klemm con su madre Rosa, en las figuras femeninas que admiró, como Eva Perón y Amalita Fortabat, y en su amor por lo escénico, especialmente por la ópera. Federico se imaginó a sí mismo como un cantante lírico, afición que practicó como performer en eventos nocturnos, discotecas e inauguraciones. Mediante su propia construcción pública, Klemm concibió su vida y su obra bajo la forma de una ópera: un relato atravesado por el drama, la tragedia y la comedia, entre episodios de su biografía, la historia y la ficción. Esta sensibilidad puede verse en sus foto-pinturas y en objetos personales de Rudolf Nureyev y Maria Callas que Klemm coleccionó e intervino, transformándolos en obras. La ópera también aparece en los vaivenes entre la vida y la muerte. Sus últimos años estuvieron marcados por el incendio de su casa, en el que pierde a su perro Olaf, así como por el fallecimiento de su madre, a quien retrató en numerosas ocasiones, incluso durante su velatorio.
Ansia congelada (Sala 8)
La historia bíblica de Sansón y Dalila da título a la serie de fotografías que se exhiben en esta sala. El relato en el que se centró Klemm para su última serie narra la caída del héroe Sansón, cuya fuerza extraordinaria, ligada a su cabello, es revelada por Dalila a los filisteos. Tras la traición, Sansón es capturado y cegado; pero en el momento final, cuando su cabello ha vuelto a crecer, recupera su fuerza y derrumba el templo de sus enemigos, muriendo junto a ellos.
Traición, vulnerabilidad, poder divino y redención atraviesan este episodio, que ofreció a Klemm una matriz narrativa para construir una nueva escenografía. En estas obras, el artista despliega su interés por el artificio y el simulacro mediante el uso de gigantografías digitales y arquitecturas de telgopor que funcionan como escenarios teatrales. Entre la antigüedad del mito, la fantasía y la reproducción tecnológica de las imágenes, Klemm produjo un tiempo ambiguo entre el pasado y la anticipación del presente.
Éxtasis de los telecristales (Sala 9)
Este conjunto de obras y documentos del archivo personal de Klemm se centra en la representación del cuerpo masculino: las figuras se camuflan entre mitos y relatos religiosos para mostrarse como cuerpos sexualizados y deseados. El punto de partida de sus fotomontajes fueron las tomas que el mismo Klemm hacía a sus modelos, jóvenes que aparecen y reaparecen a lo largo del tiempo en su obra. El universo de los telecristales es el escenario que reúne a estos desnudos contorsionados en un paisaje nocturno iluminado por destellos de planetas en colisión. Poniendo en juego la noción de éxtasis, Klemm recurre a la contemplación del horizonte representado en sus obras para ofrecer a los espectadores una fuga hacia otro lugar marcado por el deseo. Así, Federico imagina un estado de plenitud en el que esbozar otras vías de trascendencia mediante las imágenes.